¿Vives tu vida o solo la observas?

Para mi, ante la vida, hay dos tipos de personas: quienes son espectadores de la vida y quienes son los protagonistas de su propia historia.
Sé de lo que hablo. Durante años fui del primer grupo: una espectadora silenciosa de todo lo que ocurría a mi alrededor. Los motivos no importan ahora. Simplemente, sucedió.
Hablo en pasado porque lo dejé atrás, como el que deja de fumar o de hacer algo que no le va bien a su propia esencia.
Ser protagonista significa dejar de escuchar los consejos no solicitados y dejar de seguir el camino que otros han trazado…
Ser espectadora significa ver una película interminable, a veces fascinante, otras frustrante, donde el guión lo escriben los demás…
No podemos controlar cada escena de nuestra vida ni escribir su guión como si fuese una película premiada. Pero sí podemos dar pequeños pasos, notar cómo nuestras acciones influyen en el entorno y generar nuestros propios resultados.

Ser espectadora

Como espectadora de la vida, creía que lo que le sucedía a los demás era cuestión de suerte, de tener una familia acomodada o de un destino caprichoso en el que unos nacen con estrella y otros estrellados.

Pero ser espectadora también me enseñó algo valioso: primero debía recorrer un camino introspectivo. Un camino largo  porque había unas heridas que reconocer y entender. No hablo de sanación absoluta, porque hoy, un día cualquiera de mayo de 2025, aún dudo que sea posible sanar completamente.

La lección más dura, y quizás la más liberadora, fue esta: nadie puede salvarte.

Esperar que alguien llegue y se haga cargo de tus problemas no funciona. Lo que sí funciona es decidir.

Aceptar esto cambia todo. Dejas de esperar a que algo o alguien aparezca y entiendes que eres tú quién encontrará el camino y atraerá a las personas que realmente te ayudarán a florecer.

Ser protagonista

Tomar el control del volante de tu propia vida signifca implicarte en la búsqueda de soluciones y, sobre todo, aprender.

Si antes te comentaba que la clave de ser espectadora es centrar la atención en reconocer tu herida, la clave de ser protagonista es encender la llama de la ambición sana. Una ambición que es poderosa y que se siente por dentro con ganas de salir y de merecer lo bueno que esta vida tiene para ofrecer.

Nadie dijo que sería fácil. Y aunque tener un techo y comida cada día es una fortuna, hay momentos en que la salud mental se tambalea entre responsabilidades y deseos que anhelamos cumplir.

Si tienes hijos, como yo, esta decisión se vuelve aún más importante. Tal vez no tengas esos ceros en la cuenta que tanto deseas para sentir seguridad, pero puedes dejarles el mejor legado posible: que vean tu actitud ante la vida.  Porque todo puede cambiar en un segundo y todos lo sabemos.

Ser protagonista es decidir, elegir y avanzar. No siempre es fácil, pero es posible.

¿Qué pasos darás hoy?