Comunicación no violenta

La siguiente frase puede explicarse por si sola si nos detenemos a reflexionarla: Comunicación no violenta.

De todas maneras, es fácil leerla mecanografiada y no tanto llevarla a la práctica ¿cierto?

Un dato curioso para empezar: este término vamos a encontrarlo en muchas ocasiones escrito de la siguiente manera: la palabra Comunicación por un lado y noviolenta escrito todo junto por otro lado, considerando esta última palabra como un adjetivo que viene a hablarnos de la ausencia de violencia física y emocional, ¡interesante!

¿Y qué quiere decir, en esencia, este concepto? Esta herramienta básicamente tiene el cometido de construir puentes entre personas con similares o diferentes creencias. Permite, además, conectar con los demás de una manera más compasiva, amable y constructiva.

Es una invitación a mirar más allá de nuestro propio punto de vista para tener una perspectiva más global y empática, sin perder de vista nuestros motivos para pensar, expresar y actuar según cómo nos sintamos.

La herramienta, huye por tanto del juicio y de emitir un mensaje hiriente, de ataque o en la búsqueda de culpables. Más bien es una visión más madura haciéndonos responsables de nuestra parcela y de buscar consenso, de entablar una negociación con apertura a la comunicación sincera y honesta.

Toma conciencia en tu día a día, ya que en la comunicación pasan muchas cosas:

Dos personas pueden comunicarse de manera fluida o una de las partes, o ambas, pueden ignorarse o no escucharse, interrumpiéndose y pensando mientras callan lo que van a decir a continuación.

¿Qué panorama puede presentarse en esta situación? ¡exacto!! que haya una incomunicación y que se produzcan malentendidos y frustraciones.

Por tanto, la escucha activa va a ser nuestro gran aliado. Una escucha activa es no solo oír sino poner todos nuestros sentidos para captar lo que nos están transmitiendo.

La comunicación no violenta promueve un diálogo pacífico y compasivo, entendiendo la compasión no desde el sentir pena hacia el otro, sino desde el tener en cuenta a la otra persona: visibilizándola, reconociéndola… cuándo nos nombran, cuando tienen en cuenta lo que acabamos de decir ¿verdad que atendemos de otra manera?

La agresividad se manifiesta en nuestras experiencias diarias y aunque es difícil manejarla en según qué momentos, desarrollar esta manera de hablar te va a generar resultados y beneficios a la larga.

¿Qué tipo de resultados? Pues relaciones más sanas, profundas, constructivas, generadoras de bienestar. Estás en un momento clave para practicar esta manera de hablar no solo para ti sino también para enseñar a tus hijos y practicar con familiares y personas cercanas.

Marshal B Rosenberg

Marshall B Rosenberg, psicólogo que difundió esta herramienta, así nos lo hizo saber.

Mejorar las relaciones humanas y resolver conflictos dentro de la empresa, entre gobiernos de diferentes países, entre particulares fue su gran misión mientras vivió. Te recomiendo su libro “Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida”.

Para comenzar a practicar esta herramienta es conveniente que puedas familiarizarte con tus sentimientos y necesidades; por tanto conectar contigo será un primer paso.

Puedo sentir sentimientos de dicha, felicidad, de satisfacción, de alivio… cuando mis necesidades están cubiertas; cuando no es así, serán sentimientos de apatía, indefensión, de descontento, de pena, de inquietud… depende de tu situación.. cada uno/a tendrá que dar nombre a esos sentimientos que le dan paz o que se la quitan.

¿Qué tipo de necesidades necesitamos cubrir? de nuevo, como los sentimientos hay múltiples: por ejemplo necesidades de diversión, de orden, de armonía, de descanso, de contacto físico, de autoestima, de sentido, de apoyo… todas diferentes… en función del momento vital que estés viviendo…

Entramos en materia para entender la metodología:

4 son los elementos en juego.

1.Observación, 2.Sentimientos, 3.Necesidades y 4. Hacer una petición.

De una situación incómoda que tengas con alguien date cuenta a través de los 4 elementos y resuelve la ecuación.

Primero observa la situación que quieres tratar y así hazlo saber a quién te escucha. Un ejemplo es el siguiente: “He observado que cuando estamos con tu familia mientras hablamos sueles cortarme y acabar mis frases…”.

Segundo ¿Qué te hace sentir esa situación concreta? hazlo saber. Siguiendo el ejemplo podría ser: “esto me hace sentir insegura…”.

Tercero ¿Qué necesidad hay detrás de ese sentir sobre lo que has observado? hazlo saber así: “necesito por tanto que me apoyes en estas situaciones…”.

Cuarto Haz una petición teniendo en cuenta todo lo anterior; exprésalo así: “es por ello que te pido que me dejes hablar y dar mi punto de vista cuando estamos todos reunidos…”

Comunicar tu mensaje siguiendo esta metodología hará que tus interacciones vayan mejorando. Pruébalo y me cuentas…

Saber pedir es primordial y será una buena manera de dar ejemplo a nuestros hijos para que aprendan de manera muy temprana a saber hacerlo y de manera correcta.

Ésta es una herramienta sencilla y compleja a la vez, ya que en el momento caliente de una situación difícil podemos sentir que se nos escapa y dejarnos arrastrar por nuestras emociones. Algo de lo que luego podemos arrepentirnos…. y mucho.

Más allá del castigo físico, de retirar el cariño a nuestros hijos, de etiquetarlos… hay una manera más amable para tender esos puentes que hablábamos al inicio: con nuestros hijos, con familiares, amigos, etc.

¿Quieres comenzar a entrenarte?

Si necesitas un acompañamiento más personalizado, puedes hacerlo contactando conmigo y practicar en un entorno seguro y confidencial en sesión privada.

!Conseguir ser tú, recuperándote de tus heridas emocionales, tomando el control de tu vida y construir ese estilo de vida que va contigo de ahora en adelante!

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