La mini serie Adolescencia, disponible en Netflix, ha sacudido a las familias (incluida la mía). Jamie Miller, el chico protagonista, encarna muchos de los conflictos que enfrenta la juventud actual.
Aunque muchos han hablado del impacto de esta serie en redes sociales, aquí me centraré en otros temas relevantes.
Los conflictos familiares y sociales que aborda la serie son profundos y complejos. Entre ellos:
🔵El creer de manera incondicional a los hijos cuando insisten en la mentira.
🔵El bullying.
🔵La ira no gestionada.
🔵La violencia entre jóvenes.
🔵La terapia de pareja por los hijos.
🔵Las nuevas masculinidades.
🔵La culpabilidad por creer que en la crianza se pudo haber hecho mejor.
🔵La presión social.
🔵La vergüenza ante la sociedad.
🔵Los hermanos afectados.
🔵La burla social.
🔵La defensa de la mentira a toda costa como propuesta social y el mantenimiento de la mentira por parte del protagonista.
🔵El diagnóstico del protagonista que no nos desvelan.
🔵La vulnerabilidad de los psicólogos.
🔵El amor familiar.
🔵Querer a los hijos tras lo ocurrido (el amor incondicional).

El acompañamiento de las emociones

 Lo más espectacular de esta serie, en mi opinión personal, es el acompañamiento de las emociones de los personajes de la serie que se consigue, a nivel técnico, con el plano secuencia (es decir rodar todo el capítulo, sin corte alguno, de una tirada).

Las escenas pueden sentirse prolongadas, ya que estamos acostumbrados a la rapidez de las películas actuales, donde los planos cambian velozmente y suceden muchas cosas en pocos segundos.

Este recurso cinematográfico, el plano secuencia, nos obliga a sumergirnos en cada emoción (ira, tristeza, vergüenza…) sintiéndola en tiempo real junto con los actores. Somos más que espectadores, formamos parte del sentimiento que se genera.

La culpabilidad por creer que en la crianza pudimos hacerlo mejor

Si eres madre, padre, tutor/a, progenitor/a, sabrás de lo que hablo… En la crianza de nuestros hijos siempre sentimos que pudimos hacerlo mejor… o quizás peor. Prefiero quedarme con esto último.

Y es que, la gran mayoría de adultos que somos más o menos conscientes, hacemos lo mejor que podemos en cada momento, sin descanso. Y así como en el trabajo existe de manera diaria una jornada con un inicio y un final, en la crianza no hay parones, constantemente ejercemos ese papel, de día y de noche, festivos y fines de semana…

En la serie, es desgarrador ver el dolor de los padres por pensar en qué se equivocaron si criaron a su hijo igual que a su hija. ¿En qué momento ya no formamos parte de las decisiones en las acciones de nuestros hijos?

Adolescense nos confronta con nuestras propias dudas como padres y nos recuerda que la crianza es un camino sin verdades absolutas y donde el amor es una respuesta válida en todo momento, por muy dura que sea la situación.