¿Cómo atender la doble carga de sentir el fallecimiento de los propios padres y decidir el destino de todos los objetos que les pertenecieron? ¿Qué hacer con todo lo que hay dentro de la que fue su casa?

Este artículo lo escribo a partir de la lectura del libro «Cómo vacié la casa de mis padres» (ISBN 978-84-96643-04-8) de la psicoanalista belga, Lydia Flem que pude conseguir gracias a Distribuciones Cimadevilla.

Una casa habla de quién la habita a través de los objetos

Si nos dieran las llaves de la casa de cualquier persona y entráramos en ella, sin que ésta esté, acabaríamos concluyendo bastantes cosas sobre su vida, familia, relaciones, alimentación, hobbies, trabajo, cultura…

Si esta casa es la de nuestros padres, se añade un componente emocional bastante importante. Aquí se produce un viaje al pasado que se inicia tras pararnos objeto a objeto. Cosas que fueron tan familiares en su día, cosas que despiertan tantos y tantos recuerdos. Es como abrir la caja de pandora.

Es el caso de Lydia Flem, quién se enfrentó al vaciado consciente de la casa de sus progenitores tras quedar huérfana ya adulta.

Existen empresas de vaciado de casas que hacen este servicio de manera mucho más rápida, ágil y de manera menos dolorosa. Puede ser otra opción, aunque se pierde la la posibilidad de conocer aspectos de un pasado que quizá faltaba por reconocer y por tanto tener la oportunidad de cerrar etapas, acompañando el propio duelo.

Qué vas a encontrar en este libro y qué no

Si buscas una metodología, una técnica de cómo empezar, cómo continuar y cómo acabar de vaciar una casa, aquí no lo vas a encontrar. No todo es «cómo hacer…»

Lydia Flem no inició un procedimiento sistemático, sino que siguió su intuición y se dejó llevar en un proceso que tiene su propio tempo. Así sin prisas, abordó su historia familiar, llegando a comprender el carácter eterno y difícil de su madre tras su paso por los campos de concentración. Pudo llegar a entender, incluso, la falta de confianza que vivió de pequeña en su propia casa por el silencio de sus padres de hablar de etapas amargas vividas.

Es un libro emocional, donde se mezcla rabia, pena, tristeza, culpabilidad, libertad… Es un libro que explica lo terapeútico que resulta gestionar, tocar, leer, sentir cada secreto familiar guardado en fondos de armario, cajones y bolsos olvidados…

Encontrarás una reflexión sobre los objetos en sí, materia con alma que también queda huérfana, con carga emocional y que requiere decisiones sobre su futuro. Flem consiguió llegar a decisiones sabias tras encontrar la vía de como liberarse de prendas guardadas y trasmitidas por herencia materna, de los vestidos de alta costura que cosía pacientemente su madre y de todo tipo de bibelot que se guarda, a veces sin sentido.

Los objetos encontraron una segunda vida gracias a personas que gustosamente las acogieron. Se trata de encontrar quién puede valorarlo. Se trata de encontrar las personas adecuadas para cada objeto.

Lydia Flem pudo hacer una declaración de querer romper con lo que se esperaba de ella ante su árbol genealógico y le sirvió para cerrar sin acritud vivencias familiares entre neutras y desagradables. Esto me lleva a reflexionar y relacionar con la toma de autoconciencia de aceptar a los padres tal como son / tal como fueron, como bien se explica también en el libro «¿Dónde están las monedas? de Joan Garriga Bacardí.

Si necesitas ayuda, puedes contar conmigo. Mira en mi instagram donde recojo de manera resumida este artículo.

 

!Conseguir ser tú, recuperándote de tus heridas emocionales, tomando el control de tu vida y construir ese estilo de vida que va contigo de ahora en adelante!