¿Te has preguntado alguna vez si tu forma de trabajar está frenando tu verdadero potencial?
Calma, calma que ahora te explico…

La diferencia entre eficiencia y eficacia

Te explicaré con una metáfora la diferencia entre eficiencia y eficacia.

Imagina que navegas en alta mar hacia una isla. Eres el capitán de un barco, con velas ondeando al viento y un horizonte claro a la vista.

Eficiencia es básicamente hacer las cosas de la manera más inteligente posible para ahorrar recursos. Ser eficiente significa trazar la ruta más corta y rápida, aprovechando las corrientes favorables y ajustando las velas para mantener la máxima velocidad, mientras conservas energía y suministros. Se trata de CÓMO logramos el objetivo, usando diferentes planes según sea necesario, ya sea el plan X, Y o Z, para asegurarnos de optimizar cada paso del camino.

Eficacia, en cambio, es estar totalmente enfocado en llegar a esa isla, sin importar cuánto gastes en el camino. Lo importante es alcanzar el objetivo, aunque eso signifique enfrentarte a tormentas, desviarte del curso ideal, gastar más combustible y usar más provisiones de lo esperado. Aquí, lo esencial es el QUÉ: llegar a la isla, sin preocuparse por los efectos colaterales.

Resumiendo y haciéndolo muy esquemáticamente:

  • Eficacia se enfoca en los resultados: llegar a la isla sin más.
  • Eficiencia se enfoca en el método, en el proceso: cómo llegar hasta allí, pensando en todo lo que envuelve a la meta.
Ahora, consideremos cómo estas dos cualidades interactúan con diferentes tipos de personalidad: impulsividad y prudencia. Vamos a combinar ideas…

Impulsividad versus prudencia

Te propongo un ejercicio de autoanálisis: si tuvieras que cuantificar profesionalmente cuán impulsivo o prudente eres en tu manera de trabajar, en los resultados que ofreces, en tu día a día y en la relación con los compañeros, ¿cómo te puntuarías de 0 a 10? Y no te preocupes, no hay respuestas equivocadas, excepto tal vez un 11.

Después de reflexionar sobre tu estilo de trabajo, lleva esta introspección un paso más allá. Piensa en el equipo de trabajo al cual perteneces. ¿Hay heterogeneidad o quizá una uniformidad en las maneras de trabajar? ¿Existen personas con más tendencia a la acción o más a pensar cómo hacer las cosas?

  • Si te consideras más prudente trabajando, prefieres comprender el porqué de las cosas, el detalle, haces preguntas para integrar cada paso que se va a dar, valoras los posibles escenarios y el impacto que puede darse, por lo que quizá seas un perfil más orientado a la eficiencia. Trabajas bien y aseguras que así sea, aunque a veces, o muchas veces, el objetivo se pierda de vista y puedas caer en el perfeccionismo.
  • Si te consideras más impulsivo, te gusta la acción, que todo vaya más deprisa, tienes el foco puesto en el resultado y menos en cómo conseguirlo. La visión macro, la dirección clara, el pragmatismo es lo importante. Quizá entonces te identificas más con la eficacia. Saber hacia dónde ir, incluso si es con una ligera dosis de improvisación.

Una mente abierta, un líder, querría un equipo híbrido en donde cupieran las dos personalidades. Porque, vamos, no todo es blanco o negro, ¿verdad? Ambos tipos de personalidad ofrecen su propio valor.

Tener en cuenta la divergencia de opciones y saber en qué puesto operarían mejor es la clave del éxito. Un líder estratégico ha de saber cómo se distribuyen las piezas del ajedrez.

¿Te identificas más con la eficacia o la eficiencia? Reflexiona sobre tu estilo de trabajo y cómo puedes equilibrar impulsividad y prudencia para maximizar tu éxito.

Si te cuesta identificarte, prueba con autoevaluarte al final de la semana y reflexiona sobre el trabajo realizado: ¿hacia dónde se ha utilizado tu tiempo, hacia el cómo o hacia el qué había que hacer?

«Y tú, ¿eres más de lanzar ideas a la velocidad de la luz o de meditar cada paso como si fueras un filósofo griego?» No hay respuestas correctas, importa hacia donde vas…