Es curioso… pero, a veces, no invitamos a nuestras casas a familiares y amigos por la vergüenza que nos da que vean nuestros espacios más íntimos, más o menos desorganizados / desordenados.

 

Así se expresaba una asistente de uno de mis talleres en el centre cívic Vil.la Urània.

La vergüenza, a veces surge en estos casos, nos acompaña y cuesta que se vaya; nos bloquea… y esta vergüenza está por encima de querer abrir nuestras casas, para pasar buenos momentos con las personas que nos visitan.

Es tan potente el poder de la vergüenza, que cuando he ido a casas a organizar los espacios a clientas, han ordenado previamente… y esto, en mi opinión, no sirve, porque si quiero ayudarte, me encantará ver tu patrón de organización tal cual es.

Enséñame tu esencia, porque si ponemos máscaras, lo único que lograremos es retrasar un poco más el objetivo final. Llegaremos a ese objetivo, sí, pero un poco más tarde.

Te invito a que veas esta charla (puedes poner los subtítulos en castellano), se llama «Escuchando a la vergüenza» de Brené Brown. Se puede aceptar que sí, que está ahí, !!la vergüenza!!, que muchas veces nos acompaña, pero que podemos destronar y poner en el sitio que decidamos.

Con buenas dosis de flexibilidad y siendo tolerantes con nosotras mismas, podremos mostrarnos tal cual somos, tal cual son nuestras casas.

Es por ello, que cada vez más, la demanda de nuestro perfil profesional, el de organizadora profesional, se va normalizando y se va viendo cada vez más «aceptada».

 

En otros países, está más normalizado contratar a una persona que te ayude a organizar en casa los espacios y las rutinas. Es simplemente cuestión de mentalidad y verlo desde otro punto de vista, ya que los beneficios de la organización son múltiples y si lo integras bien, te acompañarán siempre.

Te invito a que nos conozcamos y me cuentes un poco más tu situación actual, sin máscaras 😉

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