¿Por qué las cebras no tienen úlcera?
Haciendo alusión al libro de Sapolsky, «¿Por qué las cebras no tienen úlcera? La Guía del estrés» enseguida entenderás este título.
El reino animal lo tiene claro: sufren estrés solo cuando es necesario, es decir ante un peligro o una amenaza ya sea de un depredador, de las inclemencias metereológicas o el ser humano. Por ejemplo, cuando una cebra huye de un león o un cocodrilo despliega una dosis ingente de adrenalina para, una vez ha superado el peligro (si ha tenido suerte), volver a su estado normal de equilibrio y seguir con su vida.
Ojalá las personas pudiéramos actuar de manera similar. Pero, en general, tendemos a tener miedos, no solo reales, también imaginarios, los que más impacto tienen en nuestro bienestar.
Somos esa especie que sufrimos por cosas que todavía no han pasado, en ese vaivén del viaje mental entre pasado, presente y futuro.
¿Sabes cuántas de esas predicciones, que habías creado mentalmente, se cumplen? bueno, pues un poco como las posibilidades de que te toque la lotería.
La línea divisoria
Dicho lo anterior, podemos decir, entonces, que en líneas generales pasamos estrés necesario e innecesario pero no solo eso, sino que tenemos que valorar cuál es el umbral máximo personal, para no enfermar.
En estos tiempos que nos ha tocado vivir, con el sistema económico, político y social que tenemos, la invitación a vivir de manera tranquila no es lo que está a la orden del día.
Más bien, sucede todo lo contrario. También en función de tu edad, contexto social, etapa vital o si estás pasando por momentos muy graves, como puedan ser una separación o una pérdida de trabajo, tanto si eres persona sénior, como yo, o no. ¡Aquí no hay discriminaciones!
El estrés forma parte de nuestro día a día. Y aunque no pretendo naturalizarlo, me gustaría que reflexionaras sobre ello: no es posible vivir sin estrés. En todas las décadas de tu vida experimentarás diferentes momentos estresantes.
Lo importante es saber PARAR: STOP, cuando no te sientes bien, estás más cansado que nunca, tienes niebla mental, no ves las cosas de manera clara, te cuesta decidir hasta las cosas más sencillas o empiezas a tener dolencias físicas como dolores de cabeza, de estómago, insomnio, tics nerviosos o taquicardias y sudoraciones.
El estrés bueno o eustrés permite enfocar una gran energía dispuesta en un momento clave para conseguir un objetivo: hablar en público en una gran presentación, presentar un informe que te va a asegurar un ascenso o aprobar esas oposiciones que llevas años preparando. Una vez pasado este «peligro» el cuerpo vuelve a su estado habitual de manera gradual.
Si tras haber pasado estos episodios encadenas otros o no sabes parar, seguramente estarás entrando en la línea del espacio del distrés: el estrés malo.
Obsérvate y escucha a tu cuerpo y no lo ignores. El descanso a tiempo es el freno a un descanso futuro obligatorio.
Si llegó la hora de poner atención a tus niveles de estrés podemos trabajarlo en sesión para saber su origen, sus síntomas y saber cómo lo estás enfrentando y si necesitas de herramientas y otros recursos. ¿Nos ponemos a ello?
Si ha llegado el momento de prestar atención a tus niveles de estrés, trabajémoslo juntos.
En sesión exploramos su origen, síntomas, cómo lo estás enfrentando y si necesitas herramientas y recursos adicionales, ¿te animas?